Es una escena relativamente común en ciertas ciudades. Los
predicadores campan a sus anchas lanzando su mensaje, sea el que sea. Y
si es un mensaje homófobo, pues también. Es lo que hizo hace unos días
un predicador en el metro de Nueva York.
Normalmente, o al menos yo nunca he visto lo contrario, la gente
escucha (o hace que escucha), el predicador se desahoga, lanza su
mensaje y se va. Pero eso no es lo que pasó en Nueva York, porque un gay
que estaba en el mismo vagón, no puedo permanecer callado mientras el
hombre se quejaba públicamente de que la sociedad se equivoca al inculcar a los menores el respeto a los homosexuales.
Y entonces el homosexual allí presente saltó, gritándole: “Eres
un falso profeta. No escuchen a este hombre. Está asustado. Está lleno
de odio. Soy un hombre. Soy un hombre bueno. Y soy gay y Jesús me ama.
¡Jesús me ama!”. Lo mejor de todo es la respuesta de los pasajeros: un sonoro aplaus. El predicador se quedó más sólo que la una…
A VECES SOLO TENEMOS QUE DEFENDERNOS
NO ES NECESARIO LA VIOLENCIA
PUES MUCHAS VECES LA PALABRA ES MUCHO MAS FUERTE.
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