MARICA O MARICON
No recuerdo la primera vez que me lo echaron en cara, que me tildaron de
serlo. Tampoco recuerdo quién lo hizo y la verdad es que a estas
alturas del poema, tampoco importa. Lo he oído tantas veces, en tantos
tonos, que llega un momento en que ya no te hace daño o te convences de
que no te hace daño y que no oyes.
“Maricón es un adjetivo y sustantivo habitualmente de carácter
peyorativo, originalmente aumentativo de Marica (a su vez diminutivo de
María). Marica se usa como insulto grosero con los significados de
hombre homosexual; hombre afeminado (que no significa homosexual, son
términos relacionados pero no iguales), además de hombre de poco ánimo y
esfuerzo.
En España el uso de ciertos términos con carácter peyorativo
pueden dejan de tener ese carácter según el contexto en el que se use.
Es el caso de su uso en el lenguaje coloquial entre personas con gran
confianza entre ellas en el que esos términos pueden ser un halago
referido a la habilidad o astucia con que se ha realizado algo, un
ejemplo son las frases: “que maricón eres/es”, “que cabrón eres/es” o
“que hijo de puta eres/es”
Como insulto, “maricón” no significa solamente gay (hombre
homosexual), sino persona con carácter afeminado (que en su persona,
modo de hablar, acciones o adornos se parece a las mujeres). Se suele
utilizar como reprimenda “qué maricón eres”. También se usa con el
significado de hombre mal intencionado o cobarde.
Ese sentido peyorativo de la expresión ha pasado incluso al
lenguaje académico. Así, el Diccionario de la Real Academia Española
define hasta la fecha (la edición vigésimosegunda, de 2001) la voz
“maricón” de manera homofóbica: como sinónimo de ‘sodomita’ (definido
como, ‘quien comete sodomía’). De esta manera, el diccionario da a
entender que las relaciones sexuales entre varones homosexuales
necesariamente se reducen al sexo anal, y éste es concebido como un
pecado o un delito que se «comete».
Este insulto español no tiene implicaciones de tortura o muerte, a
diferencia de sus equivalentes en inglés (faggot: ‘leña’ de una hoguera
inquisitorial); o italiano (finocchio, ‘hinojo’, porque se cubría a
los homosexuales con estas frescas hojas para que el suplicio de hoguera
durara más tiempo. Es históricamente falsa la derivación ‘hombre que
cae de hinojos’ (para realizar una felación), que no proviene de hinojo
sino de ginocchio, ‘rodilla’).”
Ahí lo tiene usted.
Ahora, después de este breviario cultural, dígame: ¿ha usado este
término en su lexicón alguna vez? ¿Se ha percatado de que lo hizo? ¿Por
qué?
Personalmente (y si usted conoce esta columna sabe que todo lo que en
ella se escribe es un ejercicio estrictamente personal) no recuerdo la
primera vez que me lo echaron en cara, que me tildaron de serlo.
Tampoco recuerdo quién lo hizo (¿otro niño? ¿Un adulto? ¿Alguien de
mi familia? ¿Mi Papá? Es muy probable que sí) y la verdad es que a estas
alturas del poema, tampoco importa. Lo he oído tantas veces, en tantos
tonos, que llega un momento en que ya no te hace daño o te convences de
que no te hace daño – ustedes conocen bien el refrán anglosajón:
“Piedras y palos romperán mis huesos, pero las palabras nunca me herirán
– y que no oyes.
A lo largo de estos (casi) cuarenta años – sí, quién lo diría, yo que
pensé que no llegaba a los diecisiete — lo he oído tantas veces, como
señalaba, que es algo habitual. Lo he oído incluso de boca de otros
homosexuales (principalmente a mis espaldas, incluso dicho por algunos
que se ostentan “mis amigos”, inocentes inventadas que todo se lo
creen); sin embargo no deja de sorprenderme la facilidad con que se
suelta en estos tiempos todavía, con el afán de humillar y que aún tenga
el poder para hacerlo.
Maricón es una palabra que no debería de herir, y que el homófobo ha
esgrimido por años como arma. El intentar recuperarla para hacerla de
uso común no es una mala idea (en absoluto, soy de los que aboga para
desatanizar la palabra “Puta”), si bien algunos de los ejemplos que he
encontrado personalmente me parecen algo frívolos o extrapolados y en
vez de combatir el estereotipo, involuntariamente lo refuerzan. Es como
ver o escuchar a una mujer referirse a otra como “zorra” — personalmente
no le encuentro sentido a eso, como no se lo encuentro a que dos
hombres de la misma orientación sexual se refieran a sí mismos como
“maricones”. Es decir, sí, ¿pero para qué?
Ignorar la palabra no hará que se vaya. Pero despojarla de su
carácter de insulto, sí puede servir de algo. Que signifique cualquier
cosa y no se pegue. Supongo que no debería ser tan difícil, aunque cada
quien interpreta lo que oye, como quiere y quitarle el poder
discriminatorio a lo que es una simple palabra, también depende de cada
uno.
Hace unos diez años, mi padre, por alguna razón que ahora no
recuerdo, montó en cólera (cuando pasamos mucho tiempo juntos, nuestras
diferencias evidentes en carácter hacen que salten chispas y, finalmente
producto de su época – los años 50 – cuando pierde la paciencia,
estalla y suele arrojar por la boca lo más hiriente que se le ocurre,
curioso detalle, que yo he heredado en cierta manera) y me dijo “eres un
maricón” a manera de colofón a su descontento conmigo.
“Papá,” le dije, haciendo acopio de toda la paciencia que pude
encontrar “no soy un maricón. Soy una inmensa cantidad de cosas, pero
maricón no es una de ellas.”
Que le respondiera de ese modo y con absoluta frialdad, sirvió. Nunca
más ha vuelto a decirlo, aún cuando ha llegado a perder la paciencia
(como cualquiera) otras veces. Esa es la actitud que yo tengo al
respecto. Quizá no sea la más adecuada, pero es lo que hay. Así
sobreviví al acoso (né Bullying) de otros niños en mi escuela y de mis primos. Nunca metí las manos, no sé cómo, pero con la lengua y sin perder los papeles.
Maricón es solo una palabra. Y en todo caso, a mí sólo me pueden llamar así mis amigos, mirándome a los ojos.
Quien es mi detractor (sería pretencioso de mi parte decir
“enemigos”) me tiene que decir Señor Cane y hablarme de usted, mirando
fijo al suelo.
Recuperemos palabras y combatamos la discriminación al quitarles el sentido. Esa es una batalla que sí podemos ganar.
Texto sacado de: animal politico
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