Cuando en el medioevo había
parejas gay y eran aceptadas
Conocer la historia es imprescindible
para enfrentarnos a la realidad porque la perspectiva
histórica nos da la posibilidad de comprender que las
cosas no son irremediables, que no siempre han sido tal
y como hoy las conocemos y, sobre todo, que pueden
cambiar.
Conocer la historia ha permitido que muchos
homosexuales comprendan que la homosexualidad,
presentada en nuestra sociedad hasta hace poco, como un
vicio antinatural, ha sido considerada en otras
sociedades como algo natural e incluso bueno.
Que ha
habido y hay sociedades que alientan los contactos
homosexuales como parte del desarrollo de las personas;
conocer la historia nos permite saber que incluso una de
las organizaciones más homófobas que existen en la
actualidad, como es la iglesia católica, no siempre fue
así. Los gays cristianos se esfuerzan por demostrar que
en la Biblia apenas hay referencias negativas a la
homosexualidad y que las que hay o bien no han sido bien
traducidas, o bien no han sido bien
entendidas.
Uno de los gays cristianos, católico
practicante, que más ha hecho por "desarmarizar" el
pasado de la iglesia católico ha sido el historiador
norteamericano, John Boswell. Boswell, que murió de SIDA
y que fue catedrático de historia en una de las
universidades más prestigiosas del mundo, la de Harvard,
dedicó parte de su trabajo a demostrar que la iglesia
católica no siempre ha sido tan intolerante en lo que se
refiere a la homosexualidad y que incluso llegó a
celebrar "bodas homosexuales".
Esta es la tesis de su
libro "Las bodas de la semejanza", publicado en 1994, en
donde sostiene que la iglesia cristiana bendijo, desde
el siglo III al XIII, a parejas homosexuales en lo que
entonces se llamaron "ritos de hermanamiento". Cierto es
que más la iglesia ortodoxa que la de occidente, aunque
él encuentra pruebas de que estas bodas las celebraban
tanto popes ortodoxos como sacerdotes católicos. Boswell
rebuscó en los textos antiguos guardados en los
monasterios para encontrar contratos que firmaban dos
hombres, que lo hacían únicamente por afecto, y no por
relaciones comerciales, y que son idénticos a los que se
firmaban en las bodas heterosexuales.
Cierto es que
ninguno de estos contratos explicite que el
"hermanamiento" implicara relaciones sexuales, pero este
historiador las cartas encontradas a estos supuestos
amantes dan cuenta de la pasión con que se vivían estas
relaciones. Para Boswell, la iglesia tuvo que aceptar
estas relaciones porque eran muy practicadas en Europa
en aquel tiempo y socialmente eran, si no alentadas, si
ampliamente toleradas, por lo que en los años de
asentamiento del cristianismo, la iglesia se sumó a las
bendiciones para no perder adeptos. El historiador
sugiere que, en esos primeros años, estas relaciones no
sólo eran toleradas, sino que además existen ejemplos de
estas parejas en el mismo santoral cristiano.
Es el caso de los mártires San Baco y San
Sergio, dos oficiales romanos martirizados a finales del
siglo III y a los que en un icono del siglo VII se les
puede ver representados tal y como se representaba a los
matrimonios en esa época. Pero Boswell tiene sus
críticos.
Estos le acusan de que maneja fuentes que
están en griego y en eslavo litúrgicos y que no existen
traducciones latinas de estos textos matrimoniales.
Estos textos, al no estar en latín, son difíciles de
comprender. Boswell afirma que las traducciones latinas
sí existieron pero que fueron destruidas cuando la
iglesia claramente decidió castigar este tipo de
uniones.
Entonces se quemaron todas las fuentes que
pudieran sugerir que se habían permitido en algún
momento. Boswell pone además todo tipo de ejemplos que
demuestran que la iglesia y la sociedad de la época eran
cuando menos tolerantes con la homosexualidad. De hecho,
en contra de lo que se cree, durante la Alta Edad Media
apenas hay leyes que prohiben la homosexualidad y no se
producen juicios o castigos contra el pecado de sodomía,
que es como se llamaba.
Por ejemplo Carlomagno en el
siglo IX se lamentaba de que en su reino hubiera monjes
sodomitas, pero se limitaba a pedir a los obispos que lo
prohibieran y lo erradicaran, pero no proponía ningún
tipo de jurisprudencia que lo castigara. O la Regla de
San Benito que era el reglamento según el cual se
organizaban la mayoría de las órdenes religiosas de la
Edad Media que daba unas indicaciones para evitar que
este tipo de actos se extendieran en los monasterios
entre los monjes jóvenes, pero nada de hogueras.
Lo que la Regla ordenaba hacer era que los monjes
durmieran todos en un dormitorio común con la cama del
abad en el centro para evitar visitas a otras camas, que
se dejara la luz encendida toda la noche y que los
monjes durmieran los jóvenes al lado de los viejos para
evitar las tentaciones. Así mismo, en esa época hasta el
siglo XII floreció una literatura en forma de cartas de
amor y poemas que los monjes se escribían unos a otros y
que han llegado hasta nuestros días. El amor florecía en
los monasterios, reductos masculinos, sin que los monjes
fueran castigados por ello. Pero en el siglo XIII todo
cambia bruscamente.
En Europa se comienzan a promulgar
leyes que sancionan con la castración, el
descuartizamiento o la hoguera para los actos de
sodomía. Según Boswell son varios los factores que
propician este cambio. Fundamentalmente que la sociedad
de la época se encuentra con una serie de enemigos ante
los que es conveniente alentar el odio: el Islam, los
judíos, los herejes…
Como ocurriría muchos siglos después
con el fascismo y los judíos por ejemplo, cuando se
quiere movilizar al pueblo lo mejor es dirigir su odio
contra alguien y ese alguien eran moros y judíos a los
que se acusaba de cualquier cosa: de sodomía también.
Pero según muchos historiadores la puntilla a la
tolerancia medieval la puso el proceso contra la orden
de los Templarios a instancias de Felipe IV de Francia.
Esta orden, que nació en 1119 para proteger a los
peregrinos que iban a tierra santa, había acumulado una
gran cantidad de riquezas con los años. Tantas que el
rey de Francia las quería para sí.
La ley decía que cuando alguien era acusado de
un crimen y ajusticiado, el rey se quedaba con su
riqueza. Felipe IV acusó a los templarios de dedicarse a
prácticas de sodomía. En Francia en una noche se detuvo
a todos los templarios a los que la tortura les hizo
confesar que así era. Entonces no fue difícil ordenar
que todos ellos fueran quemados y sus riquezas
expropiadas para la corona. Desde entonces, siempre que
no se ha sabido de qué acusar a un enemigo con el que
quiere acabarse se le ha acusado de dedicarse a la
homosexualidad.
Pero en todo caso ahí están las cartas
que unos monjes enamorados dirigían a otros y esos
contratos que revelan que los hombres en la Edad Media
no tenían miedo de demostrar el afecto que les unía y
por el que estaban dispuestos a firmar un contrato y a
compartir sus bienes y posesiones.
Transcribimos uno de
estos documentos del año 1031: "Nosotros, Pedro Didaz y
Munio Vandiles, pactamos y acordamos mutuamente acerca
de la casa y la iglesia de Santa María de Ordines, que
poseemos en conjunto y en la que compartimos labor; nos
encargamos de las visitas, de proveer a su cuidado, de
decorar y gobernar sus instalaciones, plantar y
edificar. E igualmente compartimos el trabajo del
jardín, y de alimentarnos, vestirnos y sostenernos a
nosotros mismos. Y acordamos que ninguno de nosotros de
nada a nadie sin el consentimiento del otro, en honor de
nuestra amistad, y que dividiremos por partes iguales el
trabajo de la casa y encomendaremos el trabajo por igual
y sostendremos a nuestros trabajadores por igual y con
dignidad. Y continuaremos siendo buenos amigos con fe y
sinceridad, y con otras personas continuaremos siendo
por igual amigos y enemigos todos los días y todas las
noches, para siempre. Y si Pedro muere antes que Munio,
dejará a Munio la propiedad y los documentos. Y si Munio
muere antes que Pedro le dejará la casa y los
documentos".
TOMADO DE:
http://www.islaternura.com



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